05 noviembre 2022

LA ESCULTURA NEOASIRIA


La caída de la III Dinastía de Ur a comienzos del Segundo Milenio a.C. motivó una serie de luchas de poder entre los distintos reinos en que se había fragmentado Mesopotamia que durarían unos dos siglos. Durante este período se desarrolló una nueva potencia, Asiria, que recientemente se había independizado de Sumer y Akkad, y que fue capaz de crear un imperio que gobernaría durante más de 1500 años.

Sin embargo, el arte no tuvo realmente una importancia destacable y sufrió un cambio significativo hasta aproximadamente el año 1000 a.C., con la llegada al trono del monarca Tiglat-Pileset III.

Con el final del II milenio se produjo un largo período de inestabilidad política en todo Oriente Próximo y continuas luchas de poder en las que se disputaba el control del territorio. Y no fue hasta la llegada al trono de este monarca asirio cuando se pusieron en marcha una serie de reformas que propiciaron el despegue económico y político del Imperio Asirio, asistiendo así a su última etapa de poderío, en la que gobernó toda Mesopotamia, Siria, Fenicia y Palestina. 

Durante este período, el arte sufrió un cambio ideológico, y la escultura estuvo al servicio de los reyes neoasirios en tanto en cuanto se empleaba para exaltar su poder y gloria por sus victorias militares, aunque se hacía más como un ideal abstracto de fuerza que individualizado de los monarcas.

En bulto redondo se representaba principalmente a los dioses protectores, normalmente de pie, con las manos juntas o portando un recipiente, así como con estructura cilíndrica, tosca y con formas estereotipadas, con vestimentas sencillas y uniformes, como esta estatua del dios protector del templo de Nabu en Kalkhu (actualmente se conserva en el Museo Británico).

Estatua del dios protector del templo de Nabu
Fuente: Google imágenes

También se han hallado estatuas-soporte que representan a dioses menores portando el característico vaso manante de la cultura mesopotámica, como las halladas en los templos de Nabu, Sin y Shamash, y unas pocas estatuas que representan a monarcas asirios. Estos reyes se representan de forma inmutable, con falta de expresividad y rigidez, en consonancia con los principios religiosos y políticos de los representantes de Assur. Un magnífico ejemplo lo tenemos en la estatua de Assur-nasirpal II, que fue hallada intacta en Kalkhu y actualmente se encuentra en el Museo Británico de Londres. Tallada en piedra caliza oscura, muestra una vista frontal del rey, de pie y sin tiara, portando en su mano derecha una hoz y en su mano izquierda el cetro real.

Estatua de Assur-nasirpal II. 
Fuente: Google imágenes

Aunque no terminan de ser esculturas de bulto redondo, también cabe destacar aquí las monumentales figuras de leones y toros androcéfalos de cinco patas que vigilaban las puertas de los palacios y templos. Como ejemplo podemos citar los leones androcéfalos de 5 m de longitud y 3,5 m de altura tallados en alabastro yesoso situados en la entrada al Templo de Ninurta en Kalkhu, o los leones y toros alados de cabeza humana del santuario de Isthar o los del palacio de Sargón II en Dur Sharrukin. Estas figuras con cabeza humana tocada con la mitra de los dioses, cuerpo de toro, alas de águila y escamas de pez bajo el vientre se conocen como Lamassu, unos seres mitológicos vínculo entre la divinidad y el hombre.

Lamassu. Fuente: Google Imágenes 

Por otro lado, los neoasirios desarrollaron enormemente los relieves que adornaban las paredes de los palacios y en menor medida, de los templos religiosos. Principalmente tienen una función propagandística y política, ensalzando la figura del rey, y en ellos se representaba multitud de escenas de carácter religioso, de paisajes, de caza, de guerras, de entrega de tributos y castigos aplicados a los vencidos en batalla, incluso por primera vez se representan escenas relacionadas con la vida privada del rey.

Uno de los relieves más valiosos es el de la leona herida, que se encontraba en el palacio de Assur-banipal en Ninive y fue tallado en alabastro yesoso hacia el 668-626 a.C. Tiene una altura de 60 cm y actualmente se conserva en el Museo Británico de Londres. En él se muestra una leona herida de muerte tras una cacería, que todavía tiene fuerza en sus patas delanteras para incorporarse, al tiempo que arrastra sus patas traseras, ya paralizadas por una flecha que atraviesa su columna vertebral.

Relieve de la leona herida. Fuente: Google Imágenes

                                                       

BIBLIOGRAFÍA

-      - Apuntes de la asignatura Historia del Arte Antiguo de la Universidad de Burgos.

- Lara Peinado, F. (1999). El arte de Mesopotamia, Historia del arte, vol. 3, Madrid.

RAMÍREZ DOMÍNGUEZ, J.A. (1996), Historia del arte. El mundo antiguo, Alianza, Madrid

-      - CUADRADO GUTIERREZ, L.J. (2015). El arte asirio, Revista Atticus nº 29, CarGraf, Valladolid

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