El imperio babilónico comenzó con la llegada al trono del rey Hammurabi (1792 – 1750 a.C.), y el tiempo que duró su reinado se consideró la época dorada del mundo antiguo, ya que el monarca supo mantener el orden dentro de su territorio y además, amplió el territorio conquistado construyendo uno de los mayores imperios de Oriente Próximo, el cuál se extendía desde el Golfo Pérsico hasta Asiria.
Durante este período de gran esplendor florecieron también las artes y las
ciencias y uno de los principales ejemplos arquitectónicos construidos lo tenemos en el Palacio de Mari. La ciudad de Mari vivía un gran auge desde años atrás debido a su situación física en el Alto Éufrates, que la convertían en un punto estratégico para el comercio entre Mesopotamia y
países como Siria o Egipto. Este enriquecimiento de la ciudad se manifestó en
la grandiosidad arquitectónica de su palacio, dominado por el lujo y en el
que se incluyen, entre otros, varios patios y más de trescientas estancias con salones
de audiencias, oficinas, escuela y un imponente salón del trono.
Tras la muerte de Hammurabi, Babilonia perdió todo su protagonismo histórico en una lucha por el poder continua en la que no salió bien parada. Tras siglos de decadencia del imperio babilónico, llegó al poder el rey Nabucodonosor II, que reconstruyó las ciudades míticas de Mesopotamia, llevando a este imperio a un nuevo auge.
Este monarca se preocupó por hacer de Babilonia una ciudad muy hermosa. Tenía una planta casi rectangular que se extendía a ambos lados del río Éufrates. Estaba doblemente amurallada y su perímetro se extendía a lo largo de 8 kilómetros. Tenía ocho puertas de acceso, y una de ellas y la más importante, era la Puerta de Isthar, que se situaba al norte de la ciudad.
Esta
puerta se encuentra hoy día reconstruida en el Museo de Pérgamo de la
capital alemana. Tiene un tamaño de 14 m de altura por 10 m de ancho y a través
de ella se accedía al templo de Bel. Fue construida en el 575 a.C. con
ladrillos de adobe, un material pobre que contrasta con la riqueza decorativa con la que
recubrieron las paredes utilizando una novedosa técnica, la cerámica vidriada,
que obtenían al someter a una elevada temperatura una serie de compuestos
químicos que importaban de otros lugares. El vidriado azul que conseguían decoraba
con flores y motivos animales y mitológicos, como toros, leones o dragones, las
cuatro torres y la cámara central que componían la pieza.
Otra mítica construcción babilónica es el Templo de Babilonia, más conocido en la Biblia como Torre de Babel. Esta construcción se piensa que posiblemente se refería al zigurat de la ciudad, que en realidad no era redondo, sino cuadrado, y que había sido erigido en honor al dios Marduk, cuyo templo se encontraba en la parte más elevada de esta característica estructura.
Y, por último, el Palacio de Nabucodonosor II, situado al oeste de la Puerta de Isthar. Tenía una planta rectangular un tanto laberíntica de 275 x 183 metros y unas paredes exteriores de 6 metros de espesor. Estaba estructurado en torno a cuatro patios y entre las numerosas estancias destacaba el Salón del Trono, que tenía una amplitud de 52 x 17 metros y estaba decorado con paredes en azulejo policromado en tono azul con bajorrelieves.
Ruinas del Palacio de Nabucodonosor II. Fuente: Google Imágenes
- - Apuntes de la asignatura Historia del Arte Antiguo de la Universidad de Burgos.
- Lara Peinado, F. (1999). El arte de Mesopotamia, Historia del arte, vol. 3, Madrid.
- RAMÍREZ DOMÍNGUEZ, J.A. (1996), Historia del arte. El mundo antiguo, Alianza, Madrid
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